Procrasti…¿¡Qué!?

Lo reconozco soy una persona muy inquieta y nerviosa. Según mi madre (una santa, todo sea dicho), el día que yo nací…hablé. Si, si…mi primera palabra fue mamá. Así que, después de cuarenta y… (juro que parezco una chiquilla de treinta), imaginaos por donde anda mi energía física y mental cuando decido ponerme a escribir uno de mis proyectos después de una extensa jornada laboral, dedicar tiempo a mis hijos, a mi marido, a mi perra y a los dos geranios totalmente deshidratados que me piden agua por compasión: no tengo ganas.

 

Procrasti…¿¡Qué!? La primera vez que escuche la palabra procrastinar fue por boca de unas amigas. Me pareció una ordinariez. En un primer momento me pareció escuchar y entender castrar (os juro que algo en mi interior se encogió), así que decidí dos cosas: seguir el hilo argumentativo que señalaban mis amigas y, al llegar a casa, buscar en el diccionario la dichosa palabreja.

 

Aplazar…aplazar…aplazar…

 

Curiosa palabra o, mejor dicho, verbo, para decirme que lo que tengo que hacer es espabilar y tirar para adelante con uno de los mayores deseos de mi vida (bueno, esto y conocer a Robert Redford).

 

Así que, decidí seguir el consejo desafiante de la palabreja y, a pesar de las ganas que tenía de escribir el cuarto capítulo de mi novela, me sumergí en las  confortables sábanas de coralina de mi cama y decidí procrastinar al día siguiente.

 

Continuará…

 

No me procrastinéis.

 

Yolanda.

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