“Las noches en las que el cielo era de color naranja” de Cristina Prada

 

 

«No valió coraza ni tampoco los trece años que llevaba perdido. La vi y algo cambió. Yo cambié. Mi mundo quedó patas arriba desde la primera vez que oí su voz».

(Cristina Prada)

Sophie y Sarah son dos amigas desde la infancia, viven juntas en un piso de Manhattan y llevan una vida normal, feliz. Con veintiséis años Sophie trabaja como camarera en una cafetería, trabajo que le gusta, para poder pagar sus gastos y el alquiler, a la vez que espera la noticia de ser ponente en unas jornadas de Autores Noveles en la universidad de Columbia y el de ver publicada su primera novela romántica en una pequeña editorial.

Una mañana, mientras va hacia una entrevista para saber si ha entrado en la ponencia recorriendo un camino de Bryant Park, se topa con el dueño de los ojos azules más misteriosos y duros que ha visto en su vida y el hombre más sexy y a la vez más impertinente y prepotente con el que se haya podido encontrar: Reese Montolivo el llamado chico del millón de dólares.

Las cosas no salen como Sophie esperaba, no va a hacer de ponente y para colmo de males la editorial le comunica que no le van a publicar su libro. Gracias a una charla con Sarah y al descontento generalizado con su vida, decide ir a Kosovo, con su amiga, con la expectativa de vivir grandes historias y poder inspirarse para su nuevo libro

Queridas… La vida nos pone, a veces, las cosas en el camino pertinente o quizás se deba al destino, pero en cuanto Sophie pisa el aeropuerto ¿adivináis quien es el conductor del jeep que viene a buscarla? Sí. El mismo Reese Montolivo.

Él se muestra malhumorado, impertinente incluso parece molestarle que esté Sophie allí.

Los días van pasando, y la historia nos muestra, ya no sólo la relación entre Reese y Sophie, también a los personajes secundarios pero a la vez muy importantes de la novela: Sarah,  Owen, Milo y Matt.

La historia de cada uno de ellos, las circunstancias del porqué están allí, lo que va ocurriendo en la novela, hace que no puedas parar de leerla hasta que no llega el fin.

He leído alguna que otra reseña y opinión respecto a esta novela, alguna comentando que no ven del todo la historia romántica entre los personajes principales…Personalmente, he llegado a sentir la angustia y el miedo por la pérdida,  la ternura y el amor existente entre ellos. Alguna que otra reseña, critica o quizás no está de acuerdo con el personaje masculino de Reese… ¿De verdad? Cuándo las lectoras como yo, que nos gusta leer novela romántica, erótica, empezamos por la primera página, por lo menos a mí, me gusta el estereotipo de hombre duro, protector, que a veces sea rudo tanto en el sexo como a la hora de expresar sus sentimientos… ¿a qué lectora de romántica no le gusta que el protagonista masculino sea así? ¡A mí me encanta Reese! Y no por eso es sexista…En toda novela romántica se necesita un personaje así y definitivamente nos gusta que la voz cantante la lleve él, y sí, nos gusta que sea sexy, guapo hasta morir y….haga el amor como un dios.

Con esta novela, Cristina ha llegado a hacer que ría con las borderías de Reese y los piques entre él y Sophie; he llorado por la historia de Milo y las mujeres del centro de acogida…He visto la ternura y la calidez que destilan cada uno de los personajes.

¿Sabéis cuando al meterte en la historia de una novela sientes y ves lo que demuestra y describe? Yo lo he visto…Gracias a Cristina he visto y conocido Manhattan, Prístina. He sentido la rabia, el odio y la impotencia de una persona que quiere arreglar y luchar por los derechos de los demás y se ha encontrado sólo. He gritado de impotencia e incluso he llegado a llorar por la despedida en ese helicóptero…

Cristina Prada sabe expresar y hacer que sientas la propia historia; sabe perfectamente perfilar y definir cada uno de sus personajes, ya  sean principales o secundarios, le dota a cada uno de ellos de una personalidad propia, llegando simplemente con una frase o una palabra a saber de quién se trata.

Como siempre Cristina no defrauda, su novela Las noches en las que el cielo era de color naranja, es… ¡Simplemente maravillosa!

Sobre el tema de fondo de Las noches en las que el cielo era de color naranja

  • Aquí siempre hemos vivido juntos: católicos, ortodoxos, musulmanes. Los problemas llegaron cuando lo hicieron los fanáticos y el mayor hijo de puta de todos se hizo con el poder.

Su voz está llena de rabia y, sobre todo, de un cristalino dolor. Él tenía una vida aquí, antes de 1991, antes de que las bombas tiñeran los cielos de color naranja, y ahora no tiene más que pedazos que sólo le sirven para recordar todo lo que ha perdido. […]

  • Lo último que necesitan aquí es ver a otra mujer llorando –me dice otra vez con toda esa rabia ensordecedora, con todo ese dolor-. No necesitan tu lástima, necesitan tu consuelo y, sobre todo, tu respeto, y, créeme, son tres cosas muy diferentes. Así que deja de llorar y recomponte. Tenemos mucho trabajo que hacer.

Me sorbo los mocos, aprieto los dientes y asiento.

Se acabaron las lágrimas, Silver. […]

  • Los serbios mataron a mi mujer y a mi hija, y los odio por eso –confiesa con la mirada clavada en la ventana, con todas las emociones vibrando en su voz, sintiendo un cristalino dolor a cada palabra que pronuncia-. Tenía tanta rabia dentro que entré en el Ejército de Liberación de Kosovo y me odio a mí mismo por eso. Matamos a inocentes con la excusa de que estábamos liberando a nuestro pueblo. –Su arrepentimiento es duro, cortante, sordo-. En la guerra no hay culpables, tampoco vencedores. Sólo dolor, y con eso, al final no gana nadie. […]
  • ¡Han matado a una familia entera!

De pronto todo parece quedarse en el más absoluto silencio. Reese está triste, dolido, furioso, decepcionado.

  • Había dos críos, joder –continúa casi desesperado, pasándose las manos por el pelo-. Los paramilitares serbios los sacaron de su casa y los mataron delante de una patrulla de reconocimiento de Cascos Azules que no pudo hacer nada por evitarlo por no estar autorizada –sentencia con un odio y una rabia atronadores.
  • Reese, siento que hayas tenido que verlo y lo siento por esa familia. ¿Crees que no me gustaría poder hacer algo?
  • ¡Pues hacedlo, joder!

Leyendo estos fragmentos, entre otros, y yendo más allá de la relación romántica entre los personajes protagonistas, vemos la brutalidad de una guerra, el odio, el rencor, la impotencia, el no poder hacer nada por esa gente. Cristina con una prosa impecable, y sutil nos muestra los horrores de la anterior guerra sucedida en los Balcanes y lo hace a través de la mirada y los sentimientos de los personajes involucrados. Llegamos a sentir ese horror, el despropósito de las personas y de los países que tomaban parte en la contienda. No debemos olvidar que,  y personalmente es una opinión, existe en la novela una crítica velada hacia la ONU y los cascos azules.

Menos mal que nos queda un final feliz entre tanto horror y drama.

¡Gracias!

 

Recomendación

¿Qué os puedo decir después de haber leído esta maravillosa novela? Cómo creo haber dicho anteriormente, he viajado y visto Manhattan, Hvar…He reído con las pullas entre Sophie y Sarah, he llorado por impotencia y rabia al imaginar la situación en la que se encontraban allí  las mujeres, por la historia de Milo… y me he llegado a  enfadar por lo borde que es Reese con Sophie, pero aún así, me considero una fan de este personaje…

Decir que por culpa de Cristina tengo pendiente escuchar la lista de canciones que han sonado a lo largo de la novela. Y sin ninguna duda, estar segura de que Cristina Prada se merece un sitio preferente en el mundo literario como escritora de novela romántica.

Leerlo…por favor.

 

La autora

Cristina Prada  vive en San Fernando, una pequeña localidad costera de Cádiz. Casada y con un hijo, siempre ha sentido una especial predilección por la novela romántica, género del cual devora todos los libros que caen en sus manos. En la trilogía <<Todas las canciones de amor>> decidió unir tres de sus grandes pasiones: la escritura, la literatura romántica y la música. Tampoco os podéis perder la serie <<Manhattan Sexy>> serie que os robará el corazón y os hará volar hasta Manhattan.

 

 

MANHATTAN SEXY LOVE (spoiler)

Llamo a la puerta impaciente. Colin no tarda en abrirme. Al verme completamente empapada, su expresión cambia en décimas de segundo y otra vez tengo la sensación de que todo su cuerpo se pone en guardia.
—¿Estás bien? —pregunta con la voz endurecida, pero, sobre todo, cargada de urgencia.
Yo frunzo el ceño. ¡Claro que no lo estoy! Y no entiendo por qué lo pregunta. ¿A él qué le importa? Ya dejó bastante claro cuánto significo para él.
—Dime si estás bien —me ordena un poco más acelerado, un poco más inquieto.
—¿Y a ti qué te importa?
—¡Contéstame!
—¡No lo estoy!

Los dos sonamos desesperados y al borde de un límite lleno de demasiado dolor. Nos miramos en silencio, desafiándonos, y yo empiezo a dudar de que la distancia que ha marcado entre los dos sea lo que realmente quiere.
Colin me agarra brusco de la muñeca y tira de mí. Mis tacones repiquetean contra al parqué frente al silencio de sus pies descalzos. Me obliga a entrar en su piso y cierra a mi espalda.
—Hoy tenía una reunión. Tenía un plan para salvar Cunningham Media y a Henry; todo lo que tenía que hacer era traicionarte y no he sido capaz. He dejado que todo por lo que he luchado se vaya al diablo por ti y tú ni siquiera soportas tenerme cerca —sentencio con rabia.
Y no entiendo por qué no puedo dejar de quererte, por qué no puedo olvidarme de ti.
La mirada de Colin se transforma y por un momento no soy capaz de leer en ella. Si le duele, no me importa. Si está furioso, no me importa, porque yo lo estoy mucho más. ¡Henry va a perderlo todo!
—Al final he acabado convirtiéndome en la tonta enamorada y tú te has cansado de mí —añado con todo lo que siento inundado mi voz.
—Yo no me he cansado de ti —sisea.

—Claro que sí, porque tú eres así —replico con desdén—Lo más triste de todo —mi voz se entrecorta. Siento tanta rabia dentro, tanta impotencia—, lo que más me enfada, es que pensaba que lo que teníamos era diferente.
Una lágrima cae por mi mejilla, pero me la seco rápidamente. No quiero que me vea llorar. Eso también se acabó.
—Era diferente —replica manteniéndome la mirada, haciendo énfasis en cada letra.
—No —musito.
—Joder, claro que sí —ruge.
—Y, entonces, ¿por qué todo ha tenido que acabar así? —pregunto dolida, exasperada.
—¡Porque tú lo quisiste! —grita sintiendo lo mismo.
—¡Yo nunca te pedí que me echaras de tu vida! ¡Ni que te comportaras como un auténtico cabrón conmigo! ¿Por qué no has dejado que al menos fuésemos amigos?
—¡Porque no me vale con eso!
Sus palabras nos silencian a ambos porque dicen mucho más. A mí tampoco me vale con eso, pero la alternativa duele demasiado.
—Colin —murmuro sin saber cómo continuar.
—Quiero volverte completamente loca —me interrumpe dando un paso hacia mí, quedándose muy cerca—. Quiero que sólo puedas pensar en mí, en esto, en lo que solo yo puedo darte. Quiero que no puedas trabajar, dormir. Quiero que, cada vez que puedas coger aire y respirar, sea un gemido y me pertenezca a mí. Y, si tú no quieres lo mismo, sal de aquí, porque no voy a darte nada.

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