El acento feminista de Isabel Allende

Isabel Allende es una escritora chilena, autora entre otras de: La casa de los espíritus, Inés del alma mía o El amante japonésPoco podemos agregar a su extensa poética que tiene un lugar privilegiado en el mundo literario hispanohablante. Sin embargo, lo que sí quisiera destacar es una faceta poco conocida de la autora, y de la que ella misma se siente complacida. En muchas entrevistas, conferencias, y múltiples apariciones, manifiesta su activismo feminista, y aboga por potenciar el rol de la mujer en la literatura actual.

La mayoría de sus novelas tienen personajes femeninos muy potentes como Inés Suárez, que no duda en salir de su Extremadura natal para buscar a su marido desaparecido, topándose durante esta búsqueda con otro amor, viendo como durante este transcurso lo que se encuentra es a sí misma. En El amante japonés, Alma Velasco, una joven rica nacida en Polonia, y que a los ocho años fue enviada por sus padres a casa de sus tíos, recuerda muy orgullosa, a sus ochenta años, el amor por el hijo de un jardinero japonés. Eva Luna, una niña narrando de forma inigualable historias desde sus propio punto de vista. El relato de una pianista, a punto de tener a su hijo, huyendo de una Barcelona que ha caído rendida frente al enemigo, y que trata de encontrar una nueva oportunidad durante el exilio, en la obra El largo pétalo de mar. Sin dejar de lado la historia de su propia hija en Paula (murió muy joven), como una forma de testimoniar mediante el libro su paso fugaz por este mundo.

Allende afirma que también ha escrito desde la perspectiva de un hombre, y con la voz de un hombre, en La casa de los espíritus.

La autora, a sus casi setenta años, se muestra convencida de que ha más similitudes que diferencias entre los sexos, y se decanta por un mundo más espiritual, donde el género no es un problema, al igual que tampoco lo son la raza o la edad. Ella misma se ha manifestado feminista, de toda la vida, luchando por los temas feministas, pero según sus propias palabras: pienso que hombres y mujeres, conscientes de nuestras diferencias, debemos explorar juntos las similitudes que nos unen.

Lo que sin duda nos une a todos es nuestro amor por las letras, las historias bien contadas, los personajes que crecen y traspasan los libros…, en definitiva, todo lo que la literatura nos brinda sin pedir nada a cambio.

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